verónica zamoranoVarios meses han transcurrido desde que inicié, al igual que muchas otras mujeres que padecen cáncer, el camino hacia lo desconocido, no exento por cierto de miedo e incertidumbre sobre el futuro.

Muchos son los cambios que en esta senda he experimentado, los más evidentes son los físicos, como la caída del cabello y unos cuantos kilos de más. Pero los más importantes son los que no se ven a simple vista, los cambios del alma, los que me acercan al creador y los de la conciencia, de la fragilidad de este corto espacio de tiempo que llamamos vida.

Y digo conciencia pues si bien estoy cierta de que todos algún día partiremos, que asumimos que la muerte es parte del ciclo de la vida, no es hasta el momento en que nos enfrentamos a la certeza de que nuestros días están contados, aunque desconozcamos la hora y fecha, que  miramos la vida de otra forma.

Comprendemos que el día a día es un regalo que se debe apreciar, donde cada experiencia es única y personal, donde cada momento es una nueva oportunidad para sonreír, soñar, respirar, luchar, comprometerse, perdonar, entregar y amar con toda el alma.

De entender que pese a los momentos de debilidad, los pensamientos fluyen, las ideas corren, las creencias y convicciones se fortalecen y también, aunque parezca extraño, la gran oportunidad de conocer y compartir con otras mujeres en la Corporación Yo Mujer, entidad a la cual desde hace dos meses asisto. En este espacio compartimos nuestras experiencias con el tratamiento, el cómo se afecta nuestra familia y nuestro círculo cercano, el entender  grupalmente la enfermedad y aprender, gracias a las herramientas que nos facilitan desinteresadamente, a enfrentar de manera activa la enfermedad y vivir con ella.

Vivencias que sin duda  me han fortalecido y que me hacen admirar a muchas de mis compañeras de ruta, por su entereza y su fuerza para mirar siempre hacia delante.

Verónica Esperanza Zamorano