Cuando las mujeres reciben el diagnóstico de cáncer de mama, una avalancha de emociones surgen con frecuencia: schok, miedo, preocupación, incertidumbre y angustia pueden pasar a ser parte de la rutina diaria. Otras mujeres, sin embargo, pueden sentir tristeza, negar su situación de diferentes formas, sentir frustración, rabia o simplemente sentir su cotidianidad amenazada.

En las primeras semanas después del diagnóstico, es probable que te sientas atemorizada, que tengas una sensación importante de pérdida de control y te sientas profundamente consternada y confundida.

No te asustes. Muchos de estos sentimientos, aunque perturbadores, son esperables como parte de la reacción inicial y algunos de ellos pueden acompañarte a lo largo del proceso.

La sensación de soledad y de que el resto no entiende por lo que estás pasando, es característico en esta etapa de la enfermedad. De repente te encuentras en una situación que amenaza tu salud, tu vida y es probable que sientas que ninguno de tus seres cercanos te puede comprender.

El miedo y la ansiedad son reacciones normales al enfrentar una enfermedad grave. La ansiedad es una respuesta normal frente a situaciones estresantes y muchas veces los mismos procedimientos médicos y el temor a lo que vendrá son grandes generadores de ansiedad. Estos sentimientos pueden durar días o semanas, e incluso pueden reaparecer en distintas etapas del tratamiento.

Es esperable que después del diagnóstico venga un período de tristeza que puede confundirse con una depresión, pero no lo es. Corresponde al período natural de duelo: duelo por la pérdida de la salud, por la pérdida de la certeza respecto al futuro, entre otras cosas. Sin embargo, si este estado de tristeza permanece a lo largo de varios meses o su intensidad es tal que dificulta tus actividades cotidianas, es probable que necesites ayuda terapéutica.

Algunos datos importantes para ayudarte en estos momentos:

  • Acércate a tu familia, amigos y otras personas que te sean importantes. Pide ayuda y confía en ellos en este período de crisis.
  • Prepárate para las entrevistas médicas. Puedes llevar un cuaderno con tus dudas anotadas para que no se te olviden a la hora de visitar a tu médico.
  • Infórmate sobre tus tratamientos. Una decisión informada implica comprender y estar en paz con algo que te afectará el resto de tu vida.
  • Tú decides a quién y cuándo cuentas que tienes cáncer. Si no quieres hablar sobre tu enfermedad, díselo a la gente que está a tu alrededor, pero evita aislarte y reprimir lo que estás sintiendo. Apóyate en tus seres queridos y comparte lo que estás viviendo, para que ellos también puedan hacerlo contigo.
  • Busca ayuda en grupos de apoyo para mujeres que están pasando por la misma experiencia que tú.