Artículo escrito por Daniela Rojas Miranda, Psicooncóloga Gerente Técnico de Corporación Cáncer de Mama Yo Mujer e Isabel Valles Varela, Psicóloga Gerencia Técnica de la referida Corporación, publicado en la revista Buena Salud.

 

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Daniela Rojas Miranda e Isabel Valles Varela.

 

 

 

 

 

Esta diferencia entre lo que la sociedad transmite sobre cómo el paciente tiene que enfrentar su enfermedad, con las necesidades que cada uno puede tener frente a una enfermedad como el cáncer tanto a nivel físico como emocional, puede generar que algunos pacientes se aíslen emocionalmente, vivan su tristeza en soledad y no hablen de sus temores, al verse en la “obligación” de silenciar sus sentimientos y síntomas, por no dar la impresión de estar “cediendo” a la enfermedad y así terminar preocupando aún más a sus seres queridos e incluso a su equipo tratante.

Ciertamente los deseos de vivir, la confianza en el tratamiento médico, una sólida red de apoyo, así como la información clara y fidedigna respecto a la enfermedad, influyen positivamente en la calidad de vida del paciente. Sin embargo, el “pensar positivo” o el “buen ánimo” por sí solos no aseguran buen pronóstico. En la misma línea, es un error creer que la tristeza, el miedo o la rabia empeorarán la condición del paciente, ya que la expresión de estas emociones no sólo favorecerá que éste se alivie, sino también dará la oportunidad a los seres queridos para contener, consolar y expresar las propias.

Por lo tanto, es fundamental aprender a hablar de la enfermedad manteniendo una “escucha activa”, es decir, poniendo entre paréntesis “lo que yo creo que necesita” para dar paso a oír lo que él/ella necesita en ese momento determinado, mostrándonos sensibles con sus emociones y dándoles el espacio que requieren para acogerlas más que reprimirlas. Del mismo modo, es importante poder compartir los propios sentimientos, ya que muchas veces optamos por bajar el perfil a la enfermedad o no mostrar ningún grado de aflicción para no preocupar más al paciente, lo que puede ser interpretado por ellos como indolencia, desinterés, etc. Considerar también que no siempre serán necesarias las palabras, el silencio también es capaz de acompañar.